martes, 21 de octubre de 2008

Salve Minerva


Monumento a Minerva

Autor: Vico Consorti.

Ubicación: Entrada principal, biblioteca Luis Ángel Arango

Carrera 4, calle 11.

Fecha de emplazamiento: Abril de 1958.

Escrito por Diego Germán Romero

La biblioteca Luis Ángel Arango, es y ha sido un lugar de mucha afluencia de estudiantes e investigadores, y como toda biblioteca, se podría decir que es un centro de saber, de la sabiduría. La entrada de esta biblioteca, desde su inauguración en 1958 ha estado custodiada por la imagen imponente de Minerva, la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de guerra, cosa que hasta la fecha muchas personas pasan por desapercibido.

¿Cuánta gente no se coloca una cita en la Blaa y no usan como punto de referencia la escultura de minerva? Siempre se suele decir “nos vemos en la entrada” incluso, escuché a varias personas decir “si, veámonos en exopotamia” (la antigua tienda de libros y discos que se ubicaba en la entrada de la Blaa, justo a la espalda de la diosa. Es esta diosa, siempre presente, custodiando incansable el museo de arte del banco de la república y la biblioteca, con la poca visión de las personas de determinar su estampa.

Es ella una gran escultura, de buena talla y técnica, simboliza entre tantas otras cosas el mismo ejercicio de la construcción y el amparo de la sabiduría, y me llena de curiosidad que la gente conozca que ahí hay una estatua pero poco se fijen de quién es, o qué simboliza, o simplemente detallarse a mirar su infatigable porte.

Esta noble diosa tiene la antigüedad del edificio y la labor de la biblioteca Luis Ángel Arango, 50 años. En 1955 el señor Luis Ángel Arango, entonces gerente del Banco de la República comienza a gestionar la construcción de una biblioteca para tener ahí la colección particular del banco de la república, la construcción se inaugura el 20 de febrero 1958 bajo el nombre de su mismo gestor. Ya en abril de 1958 la escultura de Minerva es traída de Florencia, Italia, donde fue fundida en metal, y la ubican en su actual posición, sobre un pedestal de mármol, que fue cambiado luego por uno de Piedra.

Su autor, Vico Consorti, o Ludovico Consorti, nació en Semproniano, Italia en 1902, y estudió en la Academia de Bellas Artes de Siena. Posteriormente se pasó a Roma, donde practica el relieve. Participa en numerosos consorcios para importantes obras públicas entre otras ciudades en plazas de Nápoles o la plaza de gobierno de Livorno. En 1950 realiza una de sus obras más conocidas en la basílica de San Pedro en el Vaticano, se trata de la puerta Santa hecha en bronce encargada para el jubileo de 1950 por el papa Pío XII, donde se encuentran escenas de Adán y Eva, la expulsión de paraíso, la anunciación a María, el bautismo de Jesús, hechos de la vida de Cristo y la imagen de Pio XII abriendo la puerta santa.

El lenguaje figurativo de Consorti, es una síntesis de la elaboración clasicista, y así se enmarca en la escultura contemporánea Italiana y europea. En sus figuras se simplifica el volumen, y demuestra una profunda espiritualidad y heroísmo desde el gesto y la energía que propone en sus figuras. Su última obra fue realizada en 1977, falleció en 1979.

Formalmente hablando, la diosa camina, su pie derecho está atrás y su pié izquierdo marca el paso. En su mano izquierda lleva unas hojas de Oliva (hoja que consagraron a esta diosa, así como a Apolo le consagraron el laurel). En su mano derecha, lleva un escudo en cuya parte frontal está esculpida la figura de un búho (animal consagrado a la Diosa, que igualmente significa sabiduría). Esta mano derecha lleva una especie de báculo y/o lanza, pero cuya terminación no está, quién sabe, a lo mejor se rompió o se perdió, el hecho es que parte este báculo o lanza del piso y llega hasta el empeine de su mano (la mano tiene forma de estar agarrando algo, pero ese algo ya no está). De postura erguida y expresión seria, la diosa lleva un casco de guerra que forma una serpiente en su cresta; sus vestimentas son sencillas, así como las curvas de su cuerpo, mostrando el estilo del escultor, en su pecho se encuentran dos broches y una decoración de hoja (a lo mejor, oliva); sostiene su túnica con un cinturón y camina descalza por el frío pedestal de piedra.

La diosa camina y protege los edificios de l biblioteca y los museos entre un delicado jardín, acompañada de un árbol que sube detrás de ella, resaltando su postura y su energía divina. Su cuerpo es de metal y sus dimensiones, alcanzan las mismas dimensiones de los mortales.

Como se indicó al principio de este escrito, la obra está ahí, presente, aguardando a la incertidumbre y el azar. Las personas que frecuentan la biblioteca, en su mayoría, conocen de la existencia de una estatúa a la entrada de la biblioteca, y muchos afirman que es de Minerva (o Atenea), hay un conocimiento superficial de la obra. Pero no hay una conciencia en si de ella, salvo de su ente “encargado” que es el banco de la república, pues se nota que el jardín sobre el que la diosa se posa está en buen estado y perfectamente arreglado.

Según una ficha de la Corporación La Candelaria, “La importancia de esta obra radica principalmente en que el espacio destinado para su ubicación está directamente relacionado con la simbología que representa este personaje: Minerva, diosa griega asociada a la sabiduría y a la inteligencia. La escultura presenta todos los atributos y elementos iconográficos que identifican este personaje. Por otra parte es una de las pocas obras que dejó en nuestro país el escultor italiano Vico Consorti, durante su estancia en Colombia”. Y ante su valoración patrimonial se queda en estas palabras. Tiene razón en que es una obra que nos queda de un escultor de renombre, pero también, en esa ficha Nº 41 de valoración patrimonial escultura en espacio público, se adjunta que se propone “Constituir un hito o punto de referencia urbana culturalmente significativo en la ciudad”. El hito, en este caso, es la entrada de la biblioteca, mas no la escultura en si.







¿Será que la fama de la biblioteca se llevó la fama de la escultura? En el caso de que la escultura llegue a ser de hito, lo más probable es que si. Incluso me ha sucedido, y me imagino que a las demás personas que se topan con esta escultura conscientemente también. Esta biblioteca ha sido punto de referencia más que cualquier otra cosa en mi vida, y ahí se ha configurado gran parte de mi cosmovisión y de mi crecimiento como ser, pero al darme cuenta conscientemente que ella es la diosa minerva, la relación con la biblioteca cambia en la medida que está “aguardada” por una figura mitológica, y no es por ser paganos, pero es una imagen muy simbólica y poética el hecho que una diosa de la sabiduría y la guerra (la guerra como arte, y ahí se retoma ese espíritu griego) esté aguardando a los incontables visitantes de esta edificación y de los museos que quedan frente a ella.

Faltaría implementar un poco más de conciencia de su existencia, en las campañas de difusión de la misma biblioteca, pues si bien todo el bombo lo acarrea botero, pues en la mayoría de boletines tanto del banco de la república como de la biblioteca lo que aparece es un cuadro de botero, o algún emblemático objeto de la casa de la moneda y del museo del oro. Ella también debería figurar en la propaganda de estas entidades, de esta manera, se volvería ya más concretamente un punto de referencia y las personas no solo dirían “nos vemos en la entrada de la blaa” sino “nos vemos en la entrada de la blaa, ¡ahí frente a la diosa!”




Por ahora, los transeúntes seguirán sus caminos, los investigadores y lectores de la biblioteca seguirán llenando las salas y las filas de solicitud de libros, el museo Botero y la Casa de la Moneda seguirán siendo frecuentados como es

habitual, algunas personas aguardarán por alguien en el bosque cultural, y uno que otro se quedará mirando detenidamente la actitud protectora de la diosa que mira al infinito (o a lo mejor al museo de arte del banco de la república).